• Mas que un cuerpo Clínica Angeles

Como si fuera una desconocida que poco a poco fue haciéndose mi amiga.


Mi trastorno llego de una manera muy discreta, como si fuera una desconocida que poco a poco fue haciéndose mi amiga. Hasta que ya no pude soltarla y me di cuenta de mi dependencia de ella. Fue cuando pedí ayuda.


Esta amiga, monstruo, me prometió muchas cosas como que iba a ser feliz, que tenía mi vida bajo control, y que mi valor como persona dependía de un número en la báscula.


Lo que hoy me doy cuenta es de lo muy enojada que estoy contra ella. Me quito amigas, grandes momentos con mi familia, lastimo mi cuerpo, en pocas palabras me quito esa luz que tenía, mi felicidad.


Hoy veo las cosas muy diferentes a cuando empecé mi tratamiento, hoy ya veo la salida de una enfermedad que te acapara en todos los sentidos, que no te deja respirar y que te traiciona. La lucha es diaria pero cada vez es más fácil, aunque se, que no puedo bajar la guardia, hasta sacarlo de mi vida para siempre.


Combatir mi enfermedad ha sido la lucha más grande que he tenido, y a la vez nunca me he sentido más orgullosa de mi misma. No fue nada fácil, muchas veces pensaba en dejar de luchar y regresar a mi otra vida por flojera o por cansancio de sentir que iba contra la corriente.


Hoy agradezco a mi cuerpo por darme una segunda oportunidad. Por no rendirse y por siempre quererme tal y como soy. Se que le hice mucho daño, y que sigo pagando por lo mucho que lo lastime. Pero estoy convencida a nunca más lastimarlo, por que es mi maquina lo más valioso que tengo.

T

ambién agradezco a mi familia, esposo y mis amigas porque nunca perdieron la fe en mi, porque lucharon conmigo y me acompañaron en cada momento.


De lo más difícil del proceso es saber pedir ayuda. Y me sigue costando. Estuve tan acostumbrada a estar sola, a sentirme sola y pensar que todo lo tenía que resolver por mi misma, que para mi esto sigue siendo una lucha.

Hoy veo las cosas claras, ya se diferenciar cuando mis pensamientos me están traicionando. Y tengo las herramientas para darle la vuelta a la hoja y seguir adelante.


Hoy ya no odio a mi cuerpo, no lo amo pero ya lo acepto. Creo que ha sido uno de los logros más grandes.


Agradezco a todo mi equipo por su ayuda, aunque siempre tuve claro que era una pelea que tenía que afrontar y combatir sola. Ellos fueron mi guía y me enseñaron todas las herramientas para hacer el trastorno chico y a un lado.


Anónimo

29 años, México

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